Mesón Siglo XX en El Ejido (Almería)


🍽️ Mesón Siglo XX: Mi primer trabajo nada mas llegar al poniente almeriense con 20 años

Hay lugares que no se olvidan. No importa cuántos años pasen, ni cuántas cosas cambien en la vida. Siempre hay sitios que se quedan contigo, como si una parte de ti siguiera allí. Para mí, uno de esos lugares es el Mesón Siglo XX, en El Ejido.

Trabajé allí hace muchos años, en una época en la que todo parecía ir más despacio… o al menos más intenso. Cada día era distinto, pero todos tenían algo en común: el ruido de platos, el olor a brasa y esa mezcla de prisas y risas que solo se vive en un restaurante de verdad.


🕰️ Los días que parecían eternos

Recuerdo las jornadas largas, de esas que empezaban casi sin darte cuenta y terminaban cuando ya era de noche cerrada. Había días duros, claro. Días de salón lleno, de no parar ni un segundo, de correr de un lado a otro con la sensación de que el tiempo no alcanzaba.

Pero también había algo especial en todo eso.

Porque entre plato y plato, entre comandas y carreras, se colaban momentos que hoy recuerdo con una sonrisa:
una broma en cocina, una mirada cómplice con un compañero cuando todo iba desbordado, o ese cliente habitual que ya no necesitaba ni pedir porque sabíamos lo que quería.


🍖 El olor a brasa y las cosas bien hechas

Si cierro los ojos, todavía puedo recordar el olor de la parrilla. Las costillas, el churrasco, el sonido de la carne al hacerse… Era algo casi hipnótico.

Allí aprendí que la cocina no es solo comida. Es ritmo, es coordinación, es respeto por el producto y por el cliente. Era ver salir los platos y saber que, de alguna manera, estabas formando parte de la experiencia de alguien más.

Y eso, aunque en su momento no lo pensara, deja huella.



🧑‍🤝‍🧑 Más que compañeros

Si hay algo que realmente hizo especial aquella etapa, fue la gente.

En un restaurante como el Mesón Siglo XX se crea una especie de familia. No perfecta, claro, pero real. Compartes muchas horas, mucho estrés, muchas risas… y al final eso une.

Había días en los que todo salía mal, y otros en los que parecía que todo fluía solo. Pero siempre estábamos ahí, sacándolo adelante juntos.

Y eso no se olvida.


❤️ Lo que queda con los años

Hoy, con la distancia que dan los años, me doy cuenta de que aquel trabajo fue mucho más que eso.

Fue una escuela de vida. Me enseñó a esforzarme, a aguantar, a trabajar en equipo, a valorar las cosas pequeñas… y también a reírme incluso cuando todo iba demasiado rápido.

El Mesón Siglo XX no es solo un restaurante en mi memoria. Es un capítulo importante de mi vida. Un lugar donde crecí, donde aprendí y donde viví momentos que, sin darme cuenta en su día, se convertirían en recuerdos imborrables.

Porque al final, hay sitios que no se quedan en el pasado. Se quedan en uno mismo.


Y quizá eso sea lo más bonito de todo.


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