Begoña Gomez (La Bego).. ¿Ejemplaridad o privilegio? Cuando la política olvida la apariencia de imparcialidad

6 de julio de 2026


La confianza en las instituciones no solo depende de que la ley se cumpla, sino también de que los responsables públicos transmitan una imagen de respeto absoluto hacia ella. En una democracia madura, la ejemplaridad no debería ser una opción, sino una obligación.


La situación judicial de Begoña Gómez ha generado una enorme controversia política y mediática. Mientras el procedimiento judicial continúa y deberá resolverse exclusivamente en los tribunales, resulta inevitable preguntarse si quienes ocupan las más altas responsabilidades institucionales son realmente conscientes del impacto que sus decisiones tienen sobre la confianza ciudadana.


Cuando existen investigaciones judiciales abiertas, cualquier petición relacionada con viajes, permisos o medidas cautelares acaba siendo observada con lupa. No porque una persona pierda sus derechos, sino porque la ciudadanía espera un comportamiento especialmente prudente de quienes se encuentran en el centro del poder político.


La independencia judicial constituye uno de los pilares del Estado de derecho. Por ello, cualquier decisión que adopte el órgano judicial competente debe ser respetada, tanto si favorece como si perjudica a la persona investigada. Del mismo modo, cualquier insinuación de interferencia política en el funcionamiento de la Justicia sería extraordinariamente grave si llegara a producirse, y solo puede sostenerse con pruebas, no con especulaciones.


En este contexto, también resulta legítimo exigir la máxima transparencia al Gobierno presidido por Pedro Sánchez respecto a los desplazamientos oficiales, la financiación de los viajes institucionales y la separación entre actividades oficiales y privadas. Los ciudadanos tienen derecho a conocer cómo se emplean los recursos públicos y bajo qué criterios.


La democracia no necesita ciudadanos complacientes; necesita ciudadanos exigentes. Exigentes con el Gobierno, con la oposición, con los jueces y con cualquier institución que ejerza poder. La crítica política es saludable cuando se apoya en hechos, cuando respeta la presunción de inocencia y cuando evita convertir las sospechas en sentencias.


Porque la Justicia debe hablar en los tribunales y la política debe rendir cuentas ante los ciudadanos. Todo lo demás solo contribuye a deteriorar la confianza en unas instituciones que pertenecen a todos, no a un partido ni a un gobierno.


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Félix Rodríguez de la Fuente: el hombre que enseñó a España a escuchar el aullido del lobo

Imagen propiedad de Antonio moreno

Hubo un tiempo en España en el que los lobos eran enemigos, las águilas se abatían a tiros y los niños crecían sin saber el nombre de los pájaros que cruzaban el cielo de sus pueblos. Entonces apareció Félix Rodríguez de la Fuente, con aquella voz profunda y casi hipnótica, capaz de convertir el ulular del búho, la carrera del lince o el vuelo del halcón en algo sagrado.

No hablaba de animales. Hablaba de nosotros.

Porque Félix comprendió antes que nadie que un país que deja morir su naturaleza acaba perdiendo también su alma.

Nació en Poza de la Sal, en 1928, entre montes, salinas y horizontes castellanos. Allí aprendió a mirar el mundo con la curiosidad salvaje de un niño que prefería seguir rastros de animales antes que encerrarse entre paredes. La Guerra Civil marcó su infancia, pero también le regaló algo que él recordaría toda su vida: libertad para correr por el campo y convivir con la tierra desnuda de Castilla. 

Desde pequeño quedó fascinado por las aves rapaces. Cuenta la historia que todo cambió el día que vio a un halcón cazar en pleno vuelo. Aquella escena le atravesó el corazón. Mientras otros niños soñaban con ser futbolistas o soldados, él soñaba con entender el lenguaje secreto de los animales.

Estudió Medicina en Valladolid por deseo de su padre, pero su verdadera universidad siempre fue el monte. Se convirtió en un autodidacta brillante de la biología, la etología y la cetrería. Llegó a ser uno de los mayores expertos del mundo en el arte de criar y entrenar halcones, una disciplina casi desaparecida en España. 

Pero Félix no quería guardar la naturaleza para unos pocos privilegiados.

Quería enseñársela al pueblo.

Y lo consiguió.

En los años sesenta comenzó a aparecer en Televisión Española. Primero como “el amigo de los animales”, después como divulgador absoluto de una nueva forma de mirar la vida. España entera quedó hechizada por su manera de hablar. No describía escenas: las hacía latir.

Entonces llegó El hombre y la Tierra.



Aquella serie no fue simplemente televisión.

Fue una revolución emocional.

Por primera vez millones de españoles vieron al lobo no como una bestia sanguinaria, sino como un animal inteligente, social y hermoso. Félix defendió al lobo ibérico cuando casi nadie se atrevía a hacerlo. Se enfrentó a cazadores, prejuicios y décadas de miedo rural. Gracias a él, generaciones enteras comenzaron a amar animales que antes solo inspiraban odio. 

Su pasión por España era inseparable de su pasión por la naturaleza. Amaba los encinares, los ríos, las montañas y los páramos como quien ama a su propia familia. Veía en la fauna ibérica algo mucho más profundo que biodiversidad: veía memoria, identidad y futuro.

Quizá por eso conectó tanto con la gente.

Porque Félix hablaba de águilas y linces, sí, pero también hablaba de dignidad, de raíces y de una España que aún conservaba algo salvaje dentro de sí.

Dicen quienes trabajaron con él que apenas dormía. Le devoraba una urgencia extraña, como si supiera que tenía poco tiempo para contar todo lo que quería contar. Escribía, rodaba, viajaba, daba conferencias, hacía programas de radio y preparaba expediciones constantemente. 

Y entonces llegó Alaska.

Marzo de 1980.

Félix había viajado hasta allí para filmar la famosa carrera de trineos Iditarod. El 14 de marzo, el día exacto de su cumpleaños número 52, subió a una avioneta cerca de Shaktoolik. Minutos después, la aeronave se estrelló. Murieron él, dos miembros de su equipo y el piloto. 

Su muerte dejó a España paralizada.

Miles de personas lloraron como si hubiera muerto alguien de su propia familia.

Porque, de alguna manera, así era.

Con el paso de los años surgieron teorías y sospechas sobre el accidente. Algunas personas han especulado con posibles sabotajes o conspiraciones debido a su enorme influencia pública, su personalidad incómoda para ciertos intereses y las circunstancias “extrañas” mencionadas en algunos relatos sobre el siniestro. Sin embargo, no existe ninguna prueba sólida ni investigación oficial que demuestre un complot. Las teorías conspirativas forman parte del mito que rodea a figuras tan carismáticas y trascendentes como Félix, pero históricamente el accidente sigue considerándose una tragedia aérea. 

Y quizá ahí reside parte de su leyenda.

Félix murió como vivió: persiguiendo horizontes salvajes.

Hoy, décadas después, sigue ocurriendo algo extraordinario. Basta escuchar unos segundos de su voz para que medio país vuelva a sentirse niño. Sus documentales continúan emocionando a nuevas generaciones, y su mensaje —proteger la naturaleza antes de que sea demasiado tarde— resulta más actual que nunca.

Porque Félix Rodríguez de la Fuente no solo filmó animales.

Nos enseñó a mirar.

Y quien aprende de verdad a mirar un bosque, un río o el vuelo de un águila… ya nunca vuelve a sentirse completamente solo sobre la Tierra.


Imagen Propiedad de Zarabarandula


Querido Félix:

No tuve la suerte de conocerte, pero crecí contigo.

Crecí escuchando tu voz en el salón de casa, mirando fascinado aquellos documentales donde los lobos dejaban de ser monstruos y las águilas parecían reinas del cielo. Mientras muchos veían simples animales, tú nos enseñaste a ver vida, belleza y respeto.

De niño no entendía del todo la profundidad de tus palabras. Solo sabía que cuando empezaba El hombre y la Tierra, el mundo parecía detenerse. Había algo mágico en tu manera de contar la naturaleza, algo que hacía que los bosques respiraran y que cada criatura tuviera alma.

Hoy, muchos años después, comprendo el verdadero regalo que nos dejaste.

Gracias a ti aprendí a amar los animales, a respetar la tierra y a mirar los paisajes de España con orgullo y emoción. Gracias a ti entendí que la naturaleza no es algo ajeno a nosotros, sino parte de lo que somos.

Tus enseñanzas siguen vivas en quienes todavía sentimos un nudo en la garganta al escuchar un aullido en la montaña, al ver volar un águila o al caminar en silencio por el campo.

Puede que el tiempo pase, pero hay voces que nunca desaparecen.

Y la tuya sigue resonando en cada bosque, en cada río y en el corazón de todos los que crecimos contigo.

Gracias, Félix, por enseñarnos a mirar la naturaleza con amor, respeto y admiración.

Gracias por sembrar valores que aún hoy siguen vivos dentro de muchos de nosotros.

Nunca te olvidaremos.


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María Jesús Montero: la política de la defensa incondicional y las manos quemadas


En política hay dos formas de ejercer el poder: asumiendo responsabilidades cuando las cosas salen mal o convirtiéndose en el escudo permanente del Gobierno. María Jesús Montero ha optado claramente por la segunda.


Como ministra de Hacienda y una de las principales portavoces del Ejecutivo de Pedro Sánchez, Montero ha sido, durante años, una de las voces más firmes en la defensa de todas las decisiones del Gobierno, incluso cuando posteriormente han surgido investigaciones judiciales, rectificaciones o fuertes controversias políticas.


Una de las críticas más repetidas por la oposición se centra en la política de nombramientos. Los detractores del Gobierno sostienen que determinados cargos de confianza y designaciones han respondido más a la afinidad política que al mérito o la experiencia. Cuando alguno de esos nombramientos ha terminado bajo investigación judicial, la imagen del Ejecutivo se ha resentido y las explicaciones ofrecidas por Montero han sido consideradas insuficientes por sus críticos.


También ha sido objeto de reproches por haber respaldado públicamente a miembros del entorno socialista que posteriormente han afrontado procedimientos judiciales o condenas. Sus adversarios consideran que esa defensa automática transmite la sensación de que la lealtad al partido está por encima de la exigencia de responsabilidades políticas. Sus partidarios, por el contrario, argumentan que la presunción de inocencia debe respetarse hasta que exista una resolución judicial firme.


Pero donde más desgaste político acumula María Jesús Montero es en su papel como principal defensora de Pedro Sánchez. Durante la legislatura ha salido a responder prácticamente todas las polémicas que han afectado al presidente y a su Gobierno, desde cambios de criterio político hasta decisiones especialmente controvertidas.


Esa estrategia ha provocado que la oposición la acuse de actuar más como portavoz de los intereses del presidente que como ministra de Hacienda. Para sus críticos, demasiadas explicaciones han terminado siendo desmentidas por acontecimientos posteriores, mientras que el Gobierno sostiene que muchas de esas acusaciones responden a interpretaciones políticas interesadas.


La cuestión de fondo no es únicamente si María Jesús Montero ha defendido a Pedro Sánchez —algo esperable dentro de un Ejecutivo—, sino hasta qué punto esa defensa ha debilitado la credibilidad institucional. Cuando un Gobierno convierte la comunicación política en una confrontación permanente, cualquier rectificación posterior erosiona la confianza de los ciudadanos.


La responsabilidad política exige algo más que disciplina de partido. Exige reconocer errores, asumir consecuencias y ofrecer transparencia. Precisamente ahí es donde muchos ciudadanos consideran que María Jesús Montero ha fallado de forma reiterada.


El juicio definitivo corresponde a los votantes y, cuando proceda, a los tribunales. En una democracia, la crítica política puede y debe ser firme, pero también debe apoyarse en hechos contrastados y respetar el Estado de derecho.


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La parálisis del sueño: cuando el cerebro despierta antes que el cuerpo, ciencia y misterio

5 de julio de 2026


Una mirada científica a uno de los fenómenos más inquietantes de la experiencia humana.

Hay experiencias que desafían nuestra percepción de la realidad. Algunas personas aseguran haber visto figuras oscuras sentadas al borde de la cama. Otras sienten un peso insoportable sobre el pecho que les impide respirar. Muchas describen la certeza absoluta de que "algo" ha entrado en la habitación. Todas coinciden en un detalle: son incapaces de moverse, de pedir ayuda o de escapar.

Durante siglos, estos episodios alimentaron leyendas sobre demonios, espíritus, visitantes de otros mundos o entidades sobrenaturales. Hoy, la neurociencia ofrece una explicación mucho más fascinante que el misterio: la parálisis del sueño.


Un fenómeno mucho más común de lo que imaginamos

Aunque quienes la experimentan suelen pensar que se trata de algo excepcional, los estudios científicos estiman que entre un 20 % y un 30 % de la población sufrirá al menos un episodio de parálisis del sueño a lo largo de su vida. En determinados grupos, como estudiantes universitarios, personas con ansiedad o individuos con trastornos del sueño, la incidencia puede ser incluso mayor.

La mayoría de los episodios duran apenas unos segundos o unos pocos minutos, aunque la percepción subjetiva del tiempo suele ser mucho más larga debido al intenso estado de angustia.


¿Qué ocurre realmente?

Mientras dormimos atravesamos diferentes fases. Una de ellas, conocida como sueño REM (Rapid Eye Movement), es donde se producen la mayoría de los sueños vívidos.

Durante esta fase el cerebro activa un mecanismo de protección denominado atonía muscular, que desconecta temporalmente la musculatura voluntaria para impedir que representemos físicamente nuestros sueños.

Normalmente, cuando despertamos, esa atonía desaparece de inmediato.

En la parálisis del sueño ocurre un pequeño "desfase": la conciencia se activa antes de que el cuerpo recupere la movilidad.

El resultado es desconcertante.

La persona está despierta.

Puede abrir los ojos.

Percibe perfectamente la habitación.

Escucha los sonidos del entorno.

Pero no puede mover ni un solo músculo.

Ese conflicto entre una mente consciente y un cuerpo aún "dormido" desencadena una respuesta automática de alarma en el cerebro.


¿Por qué sentimos que alguien está en la habitación?

Aquí aparece uno de los aspectos más extraordinarios del fenómeno.

El cerebro humano ha evolucionado para detectar amenazas rápidamente. Cuando nos encontramos inmóviles, vulnerables y sin comprender lo que ocurre, las regiones cerebrales relacionadas con el miedo —especialmente la amígdala— entran en un estado de máxima alerta.

Nuestro cerebro odia los vacíos de información.

Necesita construir una explicación.

Y, en ocasiones, fabrica una presencia.

No porque exista realmente, sino porque interpreta la sensación de peligro como si hubiera un depredador cerca.

Este fenómeno recibe el nombre de alucinación hipnopómpica (si ocurre al despertar) o hipnagógica (si sucede al quedarse dormido).

Lo sorprendente es que estas experiencias son extraordinariamente similares entre personas de culturas completamente distintas.


La inquietante "presencia"

La sensación de que alguien observa desde un rincón de la habitación es, probablemente, la alucinación más frecuente.

Muchos describen:

  • Una figura completamente inmóvil.
  • Una sombra alta junto a la puerta.
  • Un individuo sin rostro.
  • Una silueta negra al pie de la cama.
  • Alguien sentado sobre el pecho.

En ningún caso existe evidencia científica de que estas presencias sean reales.

Todo indica que se trata de una construcción del cerebro en un momento muy particular donde aún conviven mecanismos propios del sueño con la conciencia despierta.


El peso sobre el pecho

Es quizá la sensación más aterradora.

La persona siente que apenas puede respirar.

Parece que alguien la está aplastando.

Sin embargo, la explicación vuelve a encontrarse en la fisiología.

Durante el sueño REM la respiración se vuelve más lenta y superficial.

Al despertar antes de tiempo, somos plenamente conscientes de ese patrón respiratorio automático y lo interpretamos como una dificultad extrema para respirar.

La ansiedad multiplica esa sensación.

No existe una verdadera asfixia, aunque subjetivamente resulte muy convincente.


Las alucinaciones más frecuentes

Las investigaciones clasifican las experiencias en tres grandes grupos.

1. La presencia amenazante

La más habitual.

Consiste en sentir que alguien observa, vigila o permanece escondido en la habitación.

Suele acompañarse de un miedo intenso.

2. La presión en el pecho

Muchas culturas antiguas la interpretaron como el ataque de un demonio nocturno.

Hoy sabemos que responde a la combinación entre inmovilidad, respiración REM y ansiedad.

3. Las experiencias vestibulares

Son menos frecuentes, pero extremadamente vívidas.

Algunas personas aseguran:

  • Flotar sobre la cama.
  • Verse a sí mismas desde el techo.
  • Sentir que atraviesan paredes.
  • Salir del cuerpo.
  • Desplazarse por la habitación.

Estos episodios han alimentado numerosos relatos de experiencias extracorporales y supuestas abducciones extraterrestres.

La neurociencia los relaciona con alteraciones temporales en la integración de la información espacial que realiza el cerebro.


¿Por qué algunas personas viven experiencias tan aterradoras?

Existen varios factores de riesgo bien conocidos:

  • Dormir poco.
  • Cambios bruscos en los horarios de sueño.
  • Estrés intenso.
  • Ansiedad.
  • Depresión.
  • Dormir boca arriba.
  • Narcolepsia.
  • Fatiga extrema.

No todas las personas desarrollan alucinaciones.

Algunas únicamente experimentan la inmovilidad.

Otras viven auténticas pesadillas conscientes.


Los casos que más impresionan

En la literatura médica aparecen testimonios sorprendentes.

Personas convencidas de haber sido atacadas por demonios.

Individuos que afirmaban haber mantenido contacto con extraterrestres.

Pacientes seguros de haber visto familiares fallecidos.

Creyentes que interpretaban la experiencia como un encuentro espiritual.

Todos ellos compartían un patrón neurofisiológico prácticamente idéntico.

Lo verdaderamente fascinante es que el contenido cambia según la cultura.

En Japón puede interpretarse como un espíritu.

En Brasil como una anciana sobrenatural.

En algunos países nórdicos como una bruja.

En otras regiones se atribuye a demonios, fantasmas o visitantes alienígenas.

La biología es la misma.

La interpretación cambia.


¿Puede ser peligrosa?

En términos generales, no.

La parálisis del sueño no produce daño cerebral, no provoca parálisis permanente y no aumenta el riesgo de muerte.

Lo realmente perjudicial suele ser el miedo.

Cuando los episodios se repiten con frecuencia pueden generar ansiedad anticipatoria e incluso miedo a dormir.

En esos casos conviene consultar con un especialista en medicina del sueño o neurología, especialmente si aparecen otros síntomas como somnolencia excesiva durante el día o episodios compatibles con narcolepsia.


¿Qué hacer durante un episodio?

Aunque resulte complicado, los especialistas recomiendan:

  • Recordar que el episodio terminará en pocos segundos o minutos.
  • Evitar luchar contra la inmovilidad.
  • Concentrarse en la respiración.
  • Intentar mover únicamente un dedo de la mano o del pie.
  • Mantener horarios regulares de sueño.
  • Reducir el estrés y la privación de descanso.

Conocer el fenómeno disminuye notablemente el miedo en futuros episodios.


Ciencia frente al misterio

La parálisis del sueño es un magnífico ejemplo de cómo el cerebro puede construir una realidad extraordinariamente convincente.

Lo que sentimos parece absolutamente real.

Y, en cierto modo, lo es: el miedo, la angustia y las sensaciones físicas existen.

Lo que no existe, según todo el conocimiento científico disponible, es la entidad que nuestro cerebro imagina para explicar una situación excepcional.

La ciencia no elimina el asombro.

Al contrario.

Descubrir que unos pocos segundos de desajuste entre la conciencia y el sueño pueden generar demonios, fantasmas, visitantes extraterrestres o experiencias fuera del cuerpo nos recuerda hasta qué punto la mente humana sigue siendo uno de los grandes misterios de la naturaleza.

Quizá el auténtico enigma nunca estuvo en aquello que creíamos ver en la oscuridad.

Quizá el mayor misterio siempre ha sido el extraordinario cerebro que lo imaginó.


Fuente: Zarabarandula


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El mar blanco de Almería: cuando nuestros invernaderos decidieron hacerse famosos... hasta en el espacio

4 de julio de 2026


Hay quien presume de tener una catedral que se ve desde kilómetros de distancia. Otros, un rascacielos o un puente monumental. En Almería, fieles a nuestro carácter práctico, decidimos que lo nuestro sería mucho más original: crear un inmenso mar blanco de plástico que puede apreciarse desde el espacio.

No, no es una leyenda urbana. Basta con observar imágenes de satélite para comprobar que el Poniente almeriense luce como una gigantesca alfombra blanca que ha despertado la curiosidad de científicos, fotógrafos y medios de comunicación de todo el mundo.

Y es que los almerienses tenemos una extraña habilidad para convertir lo cotidiano en algo extraordinario. Mientras nosotros discutimos sobre si hoy hace "levante" o "poniente", un astronauta podría estar preguntándose: "¿Quién ha envuelto esa esquina de Andalucía para regalo?"


Mucho más que plástico

Sería muy fácil quedarse con la imagen superficial y reducir los invernaderos a kilómetros de plástico. Pero hacerlo sería tan injusto como definir la Alhambra diciendo que es un montón de piedras muy bien colocadas.

Los invernaderos representan una de las mayores transformaciones económicas y sociales de la España contemporánea. Donde hace apenas unas décadas predominaban terrenos áridos y escasas oportunidades, hoy existe una de las agriculturas más productivas del planeta.

Gracias a ese "mar blanco", millones de europeos consumen tomates, pepinos, pimientos, calabacines o berenjenas durante prácticamente todo el año. Mientras en otros lugares el invierno paraliza la producción agrícola, Almería sigue llenando los mercados de frutas y hortalizas.

No está nada mal para una provincia que durante mucho tiempo fue considerada una tierra olvidada.


El éxito también tiene sombras

Ahora bien, admirar el éxito no significa ignorar sus problemas.

Los invernaderos han traído riqueza, empleo e innovación tecnológica, pero también han generado desafíos que no pueden esconderse debajo del plástico.

La gestión de residuos agrícolas sigue siendo un reto importante. Aunque cada vez existe una mayor concienciación y mejores sistemas de reciclaje, todavía aparecen imágenes de plásticos abandonados que dañan el paisaje y la imagen de toda la provincia.

También está el eterno debate sobre el consumo de agua. En una de las zonas más secas de Europa, cada gota cuenta. Afortunadamente, el sector agrícola almeriense ha desarrollado sistemas de riego por goteo y control hídrico que son referencia internacional por su eficiencia. Sin embargo, el cambio climático obliga a seguir innovando y gestionando este recurso con inteligencia.

Y no podemos olvidar el factor humano.

Miles de trabajadores, muchos de ellos inmigrantes, sostienen día a día esta potente maquinaria agrícola. Su contribución resulta imprescindible y merece condiciones laborales dignas, integración y reconocimiento. Una agricultura moderna no puede medirse únicamente por la producción, sino también por la calidad del empleo que genera.


Un laboratorio al aire... bueno, bajo plástico

Existe una imagen equivocada de los invernaderos como instalaciones rudimentarias.

La realidad es bastante distinta.

Muchos cuentan con sensores climáticos, control biológico de plagas, riego informatizado, inteligencia artificial para optimizar cultivos e incluso sistemas capaces de aprovechar mejor la energía solar.

Paradójicamente, ese inmenso mar blanco que algunos critican por su impacto visual también ha sido objeto de estudios científicos por otro motivo: refleja gran parte de la radiación solar y contribuye a reducir ligeramente la temperatura superficial de la zona, un fenómeno conocido como efecto albedo.

Quién iba a decir que tanto plástico terminaría dando conversación a climatólogos.


El orgullo sin complejos

Quizá el mayor problema sea que los propios almerienses no siempre valoramos suficientemente lo que tenemos.

Nos hemos acostumbrado tanto al paisaje que dejamos de verlo.

Mientras turistas y periodistas internacionales se sorprenden al contemplar el mayor conjunto de invernaderos del mundo, nosotros seguimos pasando junto a ellos pensando únicamente en el tráfico de la A-7.

Y sí, es cierto que el paisaje no compite con los Alpes suizos ni con los fiordos noruegos. Nadie ha escrito todavía un poema romántico dedicado a una cubierta de polietileno.

Pero tampoco hace falta.

La belleza también puede medirse en innovación, esfuerzo y capacidad de transformar un territorio aparentemente condenado por su clima.


Mirando al futuro

El verdadero desafío ya no consiste en producir más, sino en producir mejor.

Más sostenibilidad.
Más reciclaje.
Menor consumo de agua.
Menor impacto ambiental.
Mayor calidad laboral.
Más investigación.

Porque el futuro de la agricultura almeriense no depende únicamente de seguir siendo el huerto de Europa, sino de convertirse también en un referente mundial de agricultura sostenible.


Una reflexión final

Los invernaderos de Almería son como ese familiar que aparece en todas las fotos: a veces discutimos con él, otras veces nos desespera... pero cuando alguien de fuera lo critica sin conocer su historia, somos los primeros en salir a defenderlo.

Ese inmenso mar blanco visible desde el espacio no es solo plástico.

Es trabajo.

Es innovación.

Es supervivencia.

Es el resultado de miles de personas que decidieron convertir el desierto en una despensa para Europa.

Y quizá esa sea la mejor vista de todas. No la que ofrecen los satélites, sino la que se aprecia cuando se entiende todo lo que hay debajo de cada cubierta blanca.


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¿Por qué se le están cayendo las hojas a mi crotón? El drama vegetal que nadie te cuenta

29 de junio de 2026

foto: Patio de Antonio Moreno

Hay dos momentos en los que uno siente que ha fracasado como jardinero. El primero es cuando compra una planta convencido de que "esta sí que va a durar". El segundo, cuando esa misma planta empieza a perder hojas con el entusiasmo de un árbol en pleno otoño... aunque estemos en junio.

Ese es precisamente el caso del crotón (Codiaeum variegatum), una de las plantas más espectaculares que existen gracias a sus hojas de colores intensos: verdes, amarillas, naranjas, rojas e incluso púrpuras. Es tan bonita como exigente. Digamos que el crotón tiene el carácter de un artista famoso: deslumbra cuando está cómodo, pero protesta por cualquier pequeño cambio.

Si tu crotón vive en una maceta en el patio, recibe mucha luz durante todo el día pero apenas unas horas de sol directo —o ninguna—, y últimamente parece empeñado en quedarse desnudo, no está intentando jubilarse. Está enviándote mensajes.


El crotón habla... perdiendo hojas

A diferencia de otras plantas, el crotón no suele marchitarse poco a poco. Su forma favorita de protestar es mucho más teatral: deja caer hojas.

Primero una.

Después otra.

Y cuando te das cuenta, parece que alguien ha pasado con una aspiradora selectiva.

La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, tiene solución.


Diagnóstico: las causas más probables

1. Le falta algo de sol

Aunque el crotón necesita mucha claridad, la luz intensa no siempre sustituye al sol directo.

En exteriores agradece entre dos y cuatro horas de sol suave, preferiblemente el de primera hora de la mañana. Si permanece siempre en sombra luminosa, sobrevivirá, pero sus hojas perderán color y, con el tiempo, comenzarán a caer.

No necesita convertirse en una tostada vegetal bajo el sol de agosto almeriense, pero tampoco vivir permanentemente "a la sombra de la fama".


2. Cambios de temperatura

El crotón odia las sorpresas.

Una noche fresca.

Una corriente de aire.

Un cambio de ubicación.

Un viento seco.

Y responde igual que algunos clientes cuando les cambian el sitio habitual en la cafetería: montando un pequeño drama.

Temperaturas por debajo de 15 ºC suelen provocar caída de hojas.


3. Riego irregular

Aquí llega el clásico.

Muchos pensamos:

"Como está perdiendo hojas, le echaré más agua."

Y el crotón responde:

"Pues ahora perderé más."

Su tierra debe permanecer ligeramente húmeda, pero nunca encharcada.

Si alterna largos periodos secos con riegos abundantes, entra en estrés.


4. Ambiente demasiado seco

Aunque viva en un patio, el aire de Almería puede ser extremadamente seco durante buena parte del año.

El crotón procede de zonas tropicales donde la humedad ambiental es elevada.

Con calor intenso y humedad baja comienza a desprender hojas, especialmente las inferiores.


5. La maceta se ha quedado pequeña

Cuando las raíces ocupan todo el recipiente:

  • absorbe peor el agua;
  • aprovecha menos los nutrientes;
  • pierde vigor;
  • y empieza a sacrificar hojas.

Es una forma elegante de decir:

"Necesito mudarme."


6. Falta de nutrientes

Las hojas del crotón son auténticas consumidoras de energía.

Mantener esos colores requiere alimento.

Si lleva meses sin abonarse, puede comenzar a desprenderse de las hojas más viejas para ahorrar recursos.

La planta aplica aquello de:

"Con lo que tengo, no llego a fin de mes."


Cómo saber cuál es el problema

Observa las hojas que caen.

Si están verdes y sanas

Generalmente indica:

  • cambio de ubicación;
  • estrés ambiental;
  • falta de luz;
  • cambios de temperatura.


Si amarillean antes de caer

Suele relacionarse con:

  • exceso de agua;
  • raíces dañadas;
  • drenaje deficiente.


Si aparecen secas y crujientes

Probablemente exista:

  • falta de riego;
  • calor excesivo;
  • ambiente muy seco.


La solución paso a paso

Busca un lugar más luminoso

No hace falta cambiarlo completamente.

Prueba a situarlo donde reciba unas horas de sol suave por la mañana.

Evita el sol fuerte de las horas centrales del verano almeriense.


Revisa el drenaje

La maceta debe tener agujeros suficientes.

Nunca dejes agua acumulada en el plato.

Si el sustrato tarda varios días en secarse, conviene renovarlo.


Riega con criterio

La regla más sencilla:

Introduce un dedo unos tres centímetros.

  • Si notas humedad, espera.
  • Si está seco, riega.

Ni calendario fijo ni litros exactos.

Cada patio tiene su propio microclima.


Aumenta la humedad

Puedes:

  • pulverizar ligeramente alrededor de la planta en las primeras horas del día;
  • colocar otras plantas cerca;
  • evitar rincones excesivamente secos.


Abona durante primavera y verano

Cada quince días aproximadamente con un fertilizante equilibrado para plantas verdes.

No abuses.

Más fertilizante no significa más felicidad.

En jardinería, igual que en la cocina, el exceso suele empeorar la receta.


Ten paciencia

Este punto cuesta.

Cuando el crotón pierde hojas parece que todo va cuesta abajo.

Pero si solucionas la causa, normalmente vuelve a brotar con fuerza durante los meses cálidos.

Eso sí.

No esperes un milagro en tres días.

Las plantas no conocen el concepto de "envío urgente".


Los errores más frecuentes

Muchos propietarios de crotón cometen alguno de estos pecados vegetales:

  • cambiarlo continuamente de sitio;
  • regarlo "por si acaso";
  • dejarlo sin abono durante años;
  • colocarlo donde no recibe nada de sol;
  • trasplantarlo en pleno verano con cuarenta grados;
  • pensar que una hoja caída significa una planta muerta.

La mayoría de las veces basta con corregir dos o tres detalles.


El crotón no es difícil... solo tiene personalidad

Hay plantas que perdonan casi cualquier descuido.

El poto.

La sansevieria.

El espatifilo.

El crotón no pertenece a ese club.

Él exige cierta estabilidad, buena luz, riegos razonables y un poco de atención.

A cambio ofrece uno de los follajes más espectaculares que podemos disfrutar en patios y terrazas.

Digamos que no es una planta complicada.

Simplemente tiene estándares.

Y bastante elevados.


Conclusión

Si tu crotón está perdiendo hojas en un patio con mucha claridad pero poco sol directo, lo más probable es que esté combinando falta de luz solar efectiva con algún factor de estrés, como un riego irregular, un ambiente seco o una maceta que ya se le ha quedado pequeña.

Antes de darlo por perdido, revisa su ubicación, el estado del sustrato y el drenaje. En muchas ocasiones, pequeños cambios marcan una gran diferencia.

Porque, al final, cuidar un crotón se parece bastante a convivir con algunas personas: necesita estabilidad, un entorno agradable, algo de cariño... y que no lo estés cambiando de sitio cada dos por tres.

Cuando encuentra su lugar, deja de protestar.

Y vuelve a lucir como el auténtico rey del patio.


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