En política hay una diferencia fundamental entre explicar una decisión y justificar cualquier decisión. Esa línea, que debería ser evidente para cualquier portavoz institucional, parece haberse difuminado en los últimos años. Y pocas figuras representan mejor esa transformación que Pilar Alegría, una de las dirigentes de mayor confianza de Pedro Sánchez y uno de los rostros más visibles del PSOE.
Su carrera política ha sido meteórica. De la política aragonesa pasó a ser delegada del Gobierno en Aragón, posteriormente ministra de Educación y Formación Profesional y, más tarde, portavoz del Gobierno. Ese ascenso refleja la confianza que el presidente ha depositado en ella y su papel central dentro de la estrategia comunicativa del Ejecutivo.
De ministra a escudo político
El trabajo de un portavoz nunca es sencillo. Debe responder preguntas incómodas, defender decisiones impopulares y mantener la cohesión del discurso gubernamental.
Sin embargo, cuando la defensa del Gobierno se convierte en una obligación absoluta, aparece un problema de credibilidad. Para buena parte de la oposición y de numerosos analistas, Pilar Alegría ha terminado ejerciendo más como portavoz del PSOE que como portavoz institucional de todos los españoles.
En numerosas comparecencias, las explicaciones del Gobierno han sido calificadas por sus críticos como insuficientes, cambiantes o excesivamente centradas en desacreditar a quien formula las preguntas en lugar de responderlas.
El manual del sanchismo
Durante la etapa de Pedro Sánchez se ha consolidado una forma de comunicación política basada en varios pilares:
- Negar inicialmente cualquier irregularidad.
- Presentar las críticas como campañas de la oposición.
- Hablar de "bulos" cuando determinadas informaciones aparecen en medios.
- Desplazar el foco hacia otros asuntos.
- Reivindicar los logros económicos para compensar el desgaste político.
Pilar Alegría ha sido una de las principales encargadas de trasladar ese mensaje casi diariamente desde la sala de prensa del Consejo de Ministros.
Sus detractores consideran que esa estrategia ha terminado erosionando la confianza ciudadana, porque muchas explicaciones oficiales han ido evolucionando conforme aparecían nuevos datos o investigaciones.
El caso Ábalos y las preguntas incómodas
Uno de los episodios más delicados fue el relacionado con el llamado caso Koldo y las informaciones sobre José Luis Ábalos.
Alegría fue preguntada en repetidas ocasiones por una estancia en el Parador de Teruel durante septiembre de 2020, cuando era delegada del Gobierno en Aragón. Ella reconoció haber dormido allí tras una visita institucional, negó conocer las informaciones difundidas sobre una supuesta fiesta protagonizada por Ábalos y rechazó cualquier insinuación sobre su participación o conocimiento de esos hechos. También denunció haber recibido insultos machistas y afirmó estudiar acciones judiciales frente a quienes difundieran acusaciones falsas contra ella.
Ese episodio se convirtió en un ejemplo de la enorme tensión política que rodea actualmente cualquier investigación relacionada con el entorno del Gobierno.
La política del "todo va bien"
Una de las críticas más repetidas hacia Pilar Alegría consiste en que rara vez admite errores políticos.
Desde leyes polémicas hasta pactos parlamentarios muy discutidos, pasando por las distintas investigaciones que han afectado al entorno socialista, la respuesta oficial ha seguido casi siempre el mismo patrón: defensa cerrada del Ejecutivo y cuestionamiento de las críticas.
Eso provoca que muchos ciudadanos perciban que las ruedas de prensa se han convertido más en ejercicios de comunicación política que en auténticos ejercicios de rendición de cuentas.
¿Portavoz o militante?
Es legítimo que un Gobierno defienda sus políticas.
Lo discutible aparece cuando el discurso parece priorizar la fidelidad al líder por encima de la autocrítica.
Los críticos de Alegría sostienen que su comunicación política se caracteriza por una disciplina férrea con el argumentario del PSOE, mientras que sus defensores consideran que simplemente cumple con la obligación inherente a cualquier portavoz de Gobierno.
Esa diferencia de interpretación explica buena parte de la polarización que rodea su figura.
Una política eficaz... para su partido
No puede negarse que Pilar Alegría ha demostrado disciplina, capacidad de trabajo y una notable resistencia a la presión mediática.
Tampoco puede negarse que se ha convertido en una de las voces más reconocibles del Ejecutivo.
La cuestión es otra: si esa eficacia comunicativa fortalece la confianza de los ciudadanos o, por el contrario, alimenta la sensación de que la política española ha sustituido las explicaciones por el relato.
Cuando un portavoz parece responder siempre con el mismo manual, incluso ante cuestiones completamente distintas, el riesgo es evidente: el ciudadano deja de escuchar porque da por hecho cuál será la respuesta antes incluso de formular la pregunta.
Conclusión
Pilar Alegría representa una forma muy concreta de entender la comunicación política: disciplina absoluta, defensa constante del Gobierno y confrontación con quienes cuestionan su relato.
Para sus simpatizantes, es una portavoz eficaz que resiste el desgaste y protege la acción del Ejecutivo.
Para sus detractores, simboliza una política donde el argumentario ha terminado sustituyendo a la autocrítica y donde el relato pesa más que las explicaciones.
En democracia, la confianza pública no depende únicamente de la capacidad para defender una posición, sino también de la disposición a reconocer errores cuando existen. Y esa sigue siendo una de las asignaturas pendientes de la política española, gobierne quien gobierne.
FUENTE: The Círculo

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